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Corrupción dasnevista: Declaró Luther y prendió el ventilador

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Diego Lüters seguirá detenido en la Comisaría 2ª de Trelew por la causa El Embrujo y el juez Sergio Piñeda le pidió al jefe de Policía, Miguel Gómez, que se garantice su seguridad física en esa prisión, teniendo en cuenta la sensible información que reveló ayer tanto en este caso como en Revelación.
En su segunda declaración de ayer, Lüters, exsecretario de Diego Correa, aseguró que este último tomaba todas las decisiones y manejaba el dinero en efectivo para las compras de terrenos. Explicó la creación y negociaciones que se concretaron con Dual Core, Sepat y Mezeta Consulting.
Para poder cobrar los arreglos a viviendas oficiales que Correa hizo a través de la firma Dual Core, Lüters contó que los primeros expedientes fueron rechazados por Hugo Gamondi por la mala relación que tenían. Entonces Fernando Matanzo le explicó cómo armar los expedientes para no ser rechazados en Contaduría General. Debían conseguir una nota del Ministerio de Infraestructura donde se rechace la posibilidad de hacer la obra. Además se le informa de la maniobra al director general de Logística, Rubén “Bedo” Reynoso, para que realice el circuito de notas. También se le informa al ingeniero Alejandro Pagani y por último al ministro de Economía, Pablo Oca, para que liberara los pagos.
En relación a la empresa Sepat, Lüters aseguró que Correa junto a Oscar “Chito” Alarcón compraron equipos, pantallas y carpas para hacer eventos. Se adquirieron con cheques de la mujer de Alarcón, de la librería. Según Lüters el objetivo era quedarse con la contratación de los juegos de la Araucanía.
El problema de Correa era hacer negocios sin poder justificar los ingresos que obtenía con su sueldo. Por eso adquiría las empresas y los contadores le daban tips para ocultarlas.
Con Sepat, por ejemplo, se tramitan los terrenos en Puerto Pirámides. Consultado por los fiscales, Lüters explicó que la nota encontrada en su computadora, similar a la del expediente en el IAC firmada por el intendente Roldán, fue armada por Correa y le pidieron al intendente pasar a firmarla.
Ya con el asesoramiento del contador Federico Gatica por discrepancias con Cristian Eguillor, Lüters relató que conformaron la empresa Mezeta Consulting. Por este intermedio se adquiere la chacra de la familia Davies en Trelew por la cual se pagó en efectivo 3.500.000 pesos. Pero el boleto se hizo por 1.200.000 pesos. Lüters llevó el dinero del anticipo en una mochila. El monto rondaba el millón de pesos.
También por Mezeta Consulting se adquirió un terreno en Rawson para la construcción de un centro médico. Por ese terreno se abonó al contado 850.000 pesos y se hizo un boleto por 250.000 pesos.
También se adquirió otro terreno en Rawson donde tenían proyectado construir un edificio para Corfo. La operatoria proyectada era canjear el edificio de Correa por un terreno que tiene Corfo en Puerto Madryn frente al mar.
Los fiscales Omar Rodríguez y Alex Williams le preguntaron por una serie de mensajes de texto encontrados en el celular de Lüters. Allí confirmaban, por ejemplo, el retiro de materiales de la empresa VS destinados a la vivienda particular del exgobernador Mario Das Neves en el pasaje Posadas de Trelew. También la contratación de un carpintero.
También le consultaron sobre el uso de la cuenta estatal para la compra de pasajes aéreos destinados a Correa y su esposa Natalia Mc Leod. Lüters confirmó que era habitual que él adquiriera pasajes para Correa y que algunos lo hacía con la tarjeta de crédito del exsecretario privado.
En un momento de la audiencia los fiscales emitieron un audio del exfiscal de Estado, Diego Martínez Zapata, dando instrucciones y explicando sus actuaciones sobre los trámites de habilitación de la obra de los consultorios médicos ante la Municipalidad de Rawson. Según el audio, el municipio había suspendido la obra por la denuncia de los vecinos debido a movimiento de suelos y derrumbe.
El fiscal Rodríguez preguntó si cuando ocurría esto Martínez Zapata era fiscal de Estado y si cumpliendo ese rol presentó una carta documento en la Municipalidad de Rawson en nombre de Mezeta Consulting. Lüters dijo que sí. Pero no quiso explayarse sobre un mensaje de Correa donde le ordenaba que coloque 25.000 pesos en un sobre y se lo entregara a Pablo Das Neves.
Luego de unas tres horas de declaración, el defensor de Lüters, Lisandro Benítez, pidió su prisión domiciliaria, por el temor de Lüters por su seguridad y por su colaboración con la declaración ya que en definitiva sólo acataba órdenes de su jefe Correa, sin tener ninguna autoridad o responsabilidad en los actos investigados.
La Unidad Anticorrupción rechazó esta morigeración al entender que Lüters con su declaración no aportó ningún dato nuevo a la investigación, y sólo confirmó información que ya poseían. Por lo tanto no cambia su situación procesal.
Remarcaron que Lüters es empleado del Banco del Chubut y que tiene un sueldo de esa entidad. Si no quería participar de las maniobras fraudulentas que le proponía Correa podría haberse negado. Al contrario, aseguró Rodríguez, se benefició con parte del dinero que conseguía la banda a través de la asociación ilícita. “No es víctima de Correa como se quiere hacer parecer en esta audiencia. Lüters se benefició con pasajes, vehículos de alta gama y la construcción de una vivienda en Playa Unión, con dinero de la actividad ilícita”.
Finalmente el juez Piñeda negó el beneficio de la prisión domiciliaria pero pidió verificar las condiciones de seguridad y de alojamiento en la Comisaría 2ª.

 

“Correa estaba obsesionado con el control total”, dijo Diego Lüters

Ya trabajando en Casa de Gobierno, Diego Lüters describió un “rotundo cambio” de actitud de Diego Correa con él. Ya no era el contacto amable que había conocido en el Banco Chubut. “De bastante mala manera me decía que no quería que maneje expedientes. Parecía que todo lo malo que pasaba era culpa mía. Si los empleados de la Residencia no lustraban bien los zapatos del gobernador, siempre era mi culpa”.
Una mañana encontró a Correa abrumado de papeles en su despacho. “Estaba desorbitado y perdido, con un papel en la mano que no entendía”. Era una planilla con una lista de constructoras, fechas y montos. Arrancaba en octubre de 2016. Según Lüters, era la herencia de Pablo Bastida y de Cisterna, ya renunciado.
Lüters ordenó y pasó en limpio la información a un Excel en la computadora. Separó las empresas por ciudad. Correa notó su habilidad y le asignó el trabajo contable que lo llevaría a la cárcel. Ese material sería luego secuestrado de un bolso de la casa de la madre de Lüters, en Trelew.
Cada mes el exministro de Economía, Pablo Oca, le enviaba por mail a Correa los datos de los pagos mensuales de Provincia a las empresas. “Era muchísima información y había que clasificarla”. De nuevo llamó a Lüters a su despacho para ordenar los datos. “Correa necesitaba y estaba obsesionado con tener un control total de todo: de mí, de los choferes, de la documentación y de los expedientes”.
Como a veces Oca no mandaba el mail, Correa pidió que le instalen el sistema provincial que permite controlar a cada proveedor del Estado. “Estaba desesperado por querer tener esa información ya”.  Otra mañana le encargó otra planilla Excel, esta vez con cheques, empresas, bancos emisores, montos, fechas y si era para ventanilla o depósito en cuenta corriente. La comunicación del dúo era constante por teléfono o WhatsApp. El flujo de visitas en la Privada de Casa de Gobierno creció. “Yo nunca había visto un empresario pero hubo un antes y un después de las planillas”.
Es que Cisterna le había traspasado  a Correa el comando del sistema de recaudación de retornos. Cobrar certificados de obras viejas requeriría un retorno del 3% y de obra nueva, 5%. Había descuentos si era efectivo. “Esa lista de empresas siempre generó bastante malestar con Diego. Peleaban por quien la tenía en su poder”. Correa recaudaba en Trelew, Rawson y Puerto Madryn. En Comodoro Rivadavia y Esquel tenía colaboradores.
Lüters cobró algunos cheques y otros los depositó en su cuenta del Banco Chubut. “Discutí con él porque yo no quería cobrarlos, pero la respuesta siempre era ´No me importa,  encargate y que vaya un chofer o quien sea, pero traigan la plata”. A veces Lüters mandaba a alguien más. “Me traían el efectivo. Yo no lo contaba, lo guardaba en un cajón o en la famosa mochila y al final del día en su despacho se lo entrega”. A los cheques de más de 50 mil había que fotocopiarlos y marcarlos en la planilla. “El mecanismo era no pagarles a los empresarios para que sí o sí vinieran a verlo. Si no, no tenía forma de que vinieran a pedir su ayuda”. Los cheques de más de 50 mil se depositaron en las cuentas de Dual Core o Sepat.
El exministro de Infraestructura, Alejandro Pagani, también le llevaba a Correa borradores de planillas con empresas. “Se las entregaba y Correa con un resaltador marcaba a quién pagarle. Se la devolvía para que Pagani se lo diera a Oca y pagara únicamente los certificados marcados”. Lüters recibió estos listados de manos de Pagani para dárselos a Correa.
Como presidente del Instituto Provincial de la Vivienda, Martín Bortagaray también le llevó planillas de empresas y montos por cobrar. Eran tan detalladas que Correa pidió que Pagani usara al IPV como modelo.
“Mi trabajo no era opinar ni decidir sino hacer lo que Diego me pedía. ¿A quién le importaba mi opinión? Además después venía la represalia. Tampoco pensaba si estaba bien o mal”, se justificó Lüters.
También comprometió al empresario de Comodoro, Federico Piccione. Iba una vez por semana a Casa de Gobierno. Se llevaba cheques para depositar en la cuenta del concurso preventivo de Canal 9, que siempre debía contar con un millón y medio mensual. “Estuve en asados con Piccione y su mujer en casa de Correa. Era el recaudador para Comodoro”. Se aprovechaban los viajes de Das Neves al sur para reunirse en el Lucania.
Dos veces Lüters recibió efectivo de los Piccione, en cajas: de Federico en una estación de servicio en Comodoro y de su padre, en Garayalde. Cada mes Correa manejaba cerca de 12 millones de pesos de plata negra. Y le gustaba llevar un millón en efectivo en su mochila.

 

Lüters: “Ningún funcionario se atrevía a decirle que no”

“No es accesible ni intercambia opiniones. Por eso varias veces pensé en apartarme y volver al Banco Chubut. El maltrato que recibía no tenía sentido”. El día que falleció Mario Das Neves redactó su renuncia en una de las computadoras luego secuestradas de la Privada. “Tenía temor porque si Correa levantaba el teléfono podían despedirme o trasladarme, iba a pensar que lo estaba traicionando”.
Antes de todo, Lüters era cajero de la sucursal del Banco Chubut de Yrigoyen y Muzio de Trelew. Había llegado a Chubut en 2007 sin trabajo. Estuvo en una veterinaria y en la farmacia del Shopping.
Correa lo conoció en esa sucursal, haciendo trámites para la campaña electoral. Se encontraron en algunos asados en Playa Unión. El secretario privado de Das Neves bromeaba con la plata que manejaba su nuevo amigo en el trabajo. Lüters reponía cajeros automáticos y estaba acostumbrado a los fajos grandes. Le hizo favores particulares a Correa a su casa de Velero Vesta. Hasta que lo invitó a la campaña electoral de un Das Neves que buscaba su tercer mandato con reuniones en el quincho de Chubut Somos Todos. Lüters conseguía carne y bebidas. O hacía de chofer. Pero no tenía diálogo con Das Neves. “No opinaba ni preguntaba porque la relación era de él con Diego”.
El 10 de diciembre de 2015, adscripto a pedido de Correa, Lüters llega a la Secretaría Privada de Fontana 50. “Estaba a disposición todo el día todos los días y tenía prohibido apagar el celular”.
Seguía con su sueldo de $ 30 mil del Banco pero con más trabajo. “Discutimos porque él me proponía renunciar porque me iba a ir mejor en Provincia. Yo no estaba dispuesto. Al mes me dice ´Te tiro unos mangos por mes para equiparar el horario´”. Primero 10 mil, luego 20 mil y en los últimos meses 30 mil extra y en cash, sin recibo alguno.
Lüters dijo que le “llamó la atención” la circular de Fontana 50 que centralizó toda decisión de contratación y de obra pública en Correa. “Él decidía quién sí o quién no”.
“En Casa de Gobierno conocí a otro Correa, no al del Banco. Tenía un grado de obsesión importante con el control y el manejo sobre todas las cosas. Si por alguna razón le dábamos un expediente para firmar a Gonzalo Carpintero, después el problema era nuestro porque nos recriminaba que todo lo quería firmar y ver él; no le importaba si era un amigo, un favor o algo que había que sacar. Ahí empezaron los primeros maltratos y agresiones, cuando no se le hacía caso a lo que pedía”. Para mover los aviones sanitarios también se necesitaba permiso de Correa. Decía que sí u ordenaba que esperen si es que Das Neves necesitaba moverse para un acto. “Era su decisión exclusiva”.
En otro tramo, Lüters describió que el exministro de Economía, Pablo Oca, “era inmanejable y generaba inconvenientes porque se le daba una orden pero igual le pagaba al que quería. Los gritos e insultos de Oca no tenían nombre. Oca decía a todo que sí y hacía lo que quería”.
A los empresarios los recibía entre el baño de discapacitados y la cocina del gobernador. Si alguno llegaba a Casa de Gobierno para un pago y estaba todo en orden, Correa por WhatsApp se lo pedía a Oca.  No pagarles a las empresas era una forma de presionarlas por el retorno. “Sí o sí debían ir con él”, describió Lüters. Hubo empresarios que no acordaron o no querían reunirse. “Insultaba y me decía ´Ahora vas a ver cómo va a volver cuando le cierre el grifo´. Y nunca se le pagaba todo, solo un poco”.
Al final del día Correa chequeaba si su pedido estaba pagado por Economía. Esos reportes diarios están ordenados en dos biblioratos que según Lüters no se secuestraron. “Le avisaba al empresario ´Mañana se acredita lo que me pediste´. De eso había que interpretar: ´En los próximos días pasá por la oficina a entregar la plata que corresponde”. Solían entrar por la Peatonal Fontana, para que no quedara registro de la visita.

 

Lüters incriminó a Bortagaray y Pagani en las causas de corrupción

Diego Lüters declaró ayer en calidad de arrepentido en las dos causas de corrupción denominadas “Revelación” y “Embrujo”. El exsecretario privado de Diego Correa brindó detalles de la mecánica de pago de las coimas en la obra pública e incriminó al ex ministro Alejandro Pagani y el actual ministro de Familia, Martín Bortagaray, cuando estaba al frente del IPV. Dijo que Mario Das Neves tenía pleno conocimiento de la operatoria de la caja negra: “se manejaban unos 12 millones de pesos mensuales de retornos”, confesó. En una de las causas le autorizaron la prisión domiciliaria, pero el beneficio quedó sin efecto, ya que en la otra audiencia se lo denegaron.
En la primera audiencia en la que participó Diego Lüters, lo hizo como imputado en la causa “Revelación, que duró más de cinco horas y fue beneficiado con una morigeración de la prisión, ya que el juez Sergio Piñeda accedió a darle domiciliaria con tobillera electrónica por la cantidad de datos que brindó para el avance de la investigación, aunque ello finalmente no se efectivizó porque en la audiencia por la causa “Embrujo”, la fiscalía se opuso a que salga de la alcaidía.

El origen de los Excel

Lüters ratificó la línea de la investigación original, nombrando a Diego Correa (ex titular de la Unidad Gobernador) con un papel preponderante, e implicó a dos nuevos exfuncionarios: el ex ministro de Infraestructura y el ex presidente del IPV, Alejandro Pagani y Martín Bortagaray.
Contó su historia con Correa, a quien conoció siendo empleado del banco; detalló cómo lo invitó a sumarse al área de Gobierno y cómo cambió su presión con la responsabilidad, tornándose “obsesivo”. Dijo que lo “maltrataba” y explicó que tras la salida del ex ministro Coordinador Víctor Cisterna del Gobierno, él, que cumplía una tarea administrativa en la Privada, lo encontró a Correa “sobrepasado” con una cantidad de datos de empresas, por lo que se ofreció a darle una mano y ahí empezó a llevarle la contabilidad de planillas Excel de los ingresos por parte de las empresas que venían de la época de Cisterna en los aportes de la obra pública.
Por otra parte, confirmó el pago de sobresueldos en el gobierno. El único nombre propio que aportó es el de Luis Avilés (ex jefe de la Policía) a quien dijo haberle pagado sobresueldos, mientras que asumió que también cobró él los mismos, al igual que “el resto”, sin detallar nombres al respecto.

 

Ahora, teme represalias

Asimismo, brindó detalles sobre la mecánica de cobro de las coimas y la liberación de pagos de certificados de la obra pública. Implicó a otros dos funcionarios: Martín Bortagaray, ex presidente del IPV, y Alejandro Pagani, ex ministro de Infraestructura, quienes dijo que se llevaban “planillas paralelas” de certificados de obras donde Correa les indicaba quién había que pagarle y a quién no para que le hagan el trámite y después lo enviaban a Pablo Oca, ex ministro de Economía.
Para Lüters, Pagani y Bortagaray conocían como funcionaba el sistema, que una vez pagada la coima, se liberaban los pagos a las empresas. Los fiscales anticiparon que ahora empieza otra línea investigativa que puede comprometer como imputados a los nombrados. Tras la declaración, allanaron el IPV y secuestraron documentación.
En otro tramo de la declaración, sumó que a la caja negra aportaba no sólo la obra pública, sino que también habló de una reunión con un empresario del área de seguros que aportaba “en dólares”. Los fiscales abrirían así otra línea de investigación relacionada con el funcionamiento de Patagonia Brokers.
Lüters comprometió a Federico Piccione, empresario de Comodoro, al manifestar que iba “una vez por semana a Casa de Gobierno” ya que tenía “una relación de amistad con Correa” y era quien llevaba los cheques de la obra pública a la ciudad petrolera y que entendía que ese aporte podía tener que ver con una operación “con Canal 9 de Comodoro” y que un tal Daniel Castillo podría estar vinculado con la recaudación de la zona de la cordillera. Además, en su declaración admitió que teme por represalias contra él y su familia.

 

Mochilas repletas de billetes

Diego Lüters está detenido desde el 7 de marzo e imputado en tres causas por hechos de corrupción en la actual gestión de gobierno. Inició su relato por la causa “Revelación”, referida a coimas en la obra pública provincial. Narró su llegada a la Provincia y su traslado del Banco Chubut a la Unidad Gobernador. Afirmó que fue Diego Correa quien le ordenó confeccionar planillas Excel de pagos de Provincia a empresas constructoras y ordenarlas por jurisdicción.
Dijo que fue testigo de una reunión de Diego Correa con los empresarios Patricio Musante y Diego Cagnolo, en el primer piso del quincho de la familia Das Neves en Trelew, donde se les comunicó a las constructoras que, tras la salida de Víctor Cisterna del Gobierno, el mecanismo de “retornos” continuaba.
Ratificó que lo que se impuso a las empresas a pagar como “retornos” era un porcentaje del 3% para que cobrasen los certificados de obras ejecutadas en la gestión de Martín Buzzi o 2,5% si abonaban en efectivo. Para la obra “nueva” debían pagar 5% de retorno para el caso de emitir cheque o 4,5% en billetes.
Lüters afirmó que Diego Correa, antes del allanamiento a Casa de Gobierno por la documentación de gastos para la emergencia climática, se movía con mucho dinero en efectivo en su poder, no menos de 500.000 pesos, que llevaba en una mochila.

 

Oca se cortaba solo

Por otra parte, precisó que las planillas Excel que confeccionó por orden de Correa era la continuidad de un trabajo realizado por Pablo Bastida, cuando el encargado de cobrar los retornos era el entonces ministro Coordinador, Víctor Cisterna. El imputado admitió que los días 20 de cada mes, Correa le “habilitaba” a él un sobresueldo de 30.000 pesos porque tenía que estar todo el tiempo a disposición y cobraba un sueldo de 32.000 pesos mensuales.
Según Luthers, Correa se encargó del cobro de los retornos a empresas constructoras de Rawson, Trelew y Puerto Madryn. Federico Piccione lo hacía en Comodoro Rivadavia y en Esquel había dos personas, pero nombró solo a Daniel Castillo.
El imputado contestó preguntas de los fiscales y de las querellas. Entre sus respuestas indicó que el ex ministro Pablo Oca recibía la orden de Correa de pagar los certificados que eran marcados con un resaltador en un listado que le enviaban por correo electrónico. “Oca cumplía la mitad de las órdenes y otras veces el ministro “pagaba cosas que Correa no ordenaba”, aseguró.

 

Dos chequeras en blanco

El imputado también confirmó que los cheques de los “retornos” que no se podían cobrar en ventanilla (porque eran montos superiores a 50 mil pesos) se depositaban en las cuentas de Dual Core o Sepat SRL”.
Según declaró Diego Lüters, la esposa de Das Neves tenía a su cargo una chequera firmada por el Gobernador para atender problemas sociales, pero Diego Correa hizo firmar otra a Das Neves y la manejó él. “Nadie sabía que había dos chequeras, solo Correa”, afirmó.
Otro de los datos relevantes y significativos fue el que aporto al indicar que “se manejaban unos 12 millones de pesos mensuales de retornos”, confesó el ex funcionario que declaró en calidad de arrepentido, pero no logró ser beneficiado con arresto domiciliario y volvió a la alcaidía donde permanecen alojados una parte de los ex funcionarios involucrados.