Los duendes de la Rosada acechan a Mauricio Macri y ponen al pueblo a sufrir | MadrynSite

Información al instante de Puerto Madryn y la zona

Los duendes de la Rosada acechan a Mauricio Macri y ponen al pueblo a sufrir

huevos garganta

No lo digo yo, lo dice Ernesto Tenenbaum para la Revista Veintitres.

Hay alguien en la Casa Rosada que se está divirtiendo mucho a costa del corazón de Mauricio Macri y de la tranquilidad de la sociedad argentina. El tipo, vaya uno a saber quién es, tiene unas ideas muy creativas y, seguramente, también algo de poder, porque si alguien se las revisara a tiempo no verían la luz. Pero nadie lo hace. Así que anda por ahí, pergeñando iniciativas, globos de ensayos, proyectos que se deshacen al contacto con el aire pero, en el medio, arman muchos desastres.
La última de las ideas fue el artículo 85 del proyecto de ley que se discute en el Congreso. Esa norma establecía penas muy altas para cualquiera que difundiera información sobre las personas que blanqueen dinero negro.
Era una idea absurda, por dos razones.

La primera tiene que ver con la jerarquía de valores implícita. El proyecto original privilegiaba la plata a la libertad, esto es, la necesidad de recaudar algunos miles de millones de dólares más por el blanqueo antes que el derecho del periodismo a publicar información verídica. Como siempre en estos casos, se invoca una razón de Estado para imponer el secreto. El kirchnerismo era un maestro en eso: entendía que incluso una caricatura podía ser una amenaza contra la estabilidad democrática y por lo tanto merecía una fuerte reprimenda social, un apriete, un escrache, o alguna otra simpática consecuencia.

En el mundo occidental existe una fuerte tradición según la cual las razones de Estado deben ser muy potentes –secretos militares durante una guerra, por ejemplo– para imponer a priori la prohibición de publicar algo. Claro que si las cosas se dramatizan, y resulta que la estabilidad democrática depende de si se informa que determinada empresa fue evasora, entonces todo se complica. Basta ver el festival que se está haciendo la prensa de Occidente con los Panamá Papers para percibir los valores dominantes en los países democráticos alrededor de estos asuntos. Cuando un papel interesante llega a las manos de un periodista, la privacidad no existe más. Es parte de la libertad. Si este criterio se aplica mal, tiene efectos molestos y cuestionables. La libertad tiene aspectos irritantes. Pero es mejor aguantarlos que empezar a prohibir cosas.

La Argentina atraviesa un período muy tumultuoso. Si uno mira la foto, los resultados no dan mucho para el optimismo

La segunda razón era de índole más práctica. Ese articulito solo le trae complicaciones al Gobierno, y ningún beneficio. Hasta su aparición nadie discutía sobre si se iban a dar a conocer los nombres de los blanqueadores. No estaba instalada la preocupación. Abierto el debate, está claro que eso es una posibilidad y hará dudar a los que tienen plata afuera. Para colmo, es un artículo inútil. ¿Qué pasaría si un periodista publicaba una lista de blanqueadores y era sancionado judicialmente? Tal vez muchos otros se avinieran a publicarla, aquí y en el exterior, y eso hubiera generado un desafío enorme con pérdidas para el Gobierno en todos los campos, lo que se dice la unión de lo inútil y lo desagradable: se conocerían los nombres de los involucrados y Macri sería acusado de violar la libertad de prensa.

Todo parece tan obvio que, seguramente, la autoría se deba atribuir a alguien que está aburrido o que quiere hacerle mal al Gobierno, tal vez mano de obra desocupada del famoso Club de los Malos, del que tanto habló Alejandro Borensztein durante el kirchnerismo.

El problemita del personaje es que no para nunca. La semana pasada, por ejemplo, le aumentó miles y miles de pesos el gas a los usuarios de la Patagonia. El revuelo fue tal que, por momentos, pareció que las historias que contaba Osvaldo Bayer en sus libros quedarían pequeñas. Parece que no era algo estrictamente necesario, porque luego el Gobierno reparó el asunto. Pero, en el medio, qué joda, ¿no? Qué divertido todo. Y ni que hablar con los clubes de barrio. Los pusieron a todos, de una, al borde de la quiebra. Cuando la bomba estuvo a punto de estallar, neutralizaron al geniecillo que anda suelto en la Casa Rosada.

Algo van a tener que hacer para pararlo definitivamente. Lo primero es encontrarlo. Algunos rastros ha dejado. Seguro que fue el que convenció al Presidente de que si devaluaba los precios no aumentarían, o que convenía dejar que el dólar subiera hasta dieciséis o hasta donde fuera en lugar de frenarlo antes de la estampida, o que era buenísimo pagar 70 mil millones de pesos de contratos de dólar futuro, o que era atinado contestar con medias verdades ante el desafío de los Panamá Papers, o que había que primerear a todo el mundo nombrando jueces de la Corte por decreto, o que lo apropiado era anunciar un gran aumento del piso del impuesto a las ganancias o una compensación histórica a los jubilados cuando, en realidad, las propuestas era mucho más módicas, o que era fantástico eliminar el impuesto a los bienes personales y a la distribución de dividendos, ocultos tras el pago de la deuda a los jubilados.

Algunas cuestiones, en cambio, no están tan claras. ¿Habrá sido él quien imaginó que la inflación rondaría del 20 al 25 por ciento en este año y que en el segundo semestre florecerían todas las flores? ¿Será él el genial guionista de frases célebres como la que refería a la grasa militante, o el pedido de perdón a los empresarios españoles, o de la curiosa perspectiva según la cual el gobierno anterior había malacostumbrado a la gente a comprar celulares?

Tal vez sea una prioridad para el Gobierno ubicar quién es el autor de todas estas divertidas iniciativas. La Argentina atraviesa un período muy tumultuoso. Si uno mira la foto, los resultados no dan mucho para el optimismo: la inflación se descontroló, la actividad cayó más que lo previsto, el consumo se desplomó, y diversas agencias calculan el número de despidos por arriba de cien mil. Sobre esa foto hay muchos debates: si la culpa es de los que se fueron, de los que vinieron o en qué proporción lo es de unos y de otros, si había manera de hacerlo de otro modo, o si es el momento más tenso de una película que tiene final feliz. Pero la foto es la foto y tiene un dramatismo difícil de exagerar.

Si sobre ese caldo de cultivo hay un genio maligno que está haciendo travesuras, se corre el riesgo de que, tarde o temprano, en una de esas marchas y contramarchas, una chispa se encienda en el lugar equivocado y haya costos extras, mucho más significativos que los pagados hasta ahora.

Mientras tanto, aquellos que pretenden prohibir la publicación de nombres deberían relajarse: eso es imposible, y la política, como se sabe, es el arte de lo posible. Quien esté pensando presentarse al blanqueo debería saber que su nombre puede aparecer si mantiene la plata en negro o, si la blanquea, se puede filtrar una cuenta en Suiza como una lista en la Argentina, un hacker puede mañana difundir los datos de la tarjeta de crédito de cualquiera, o el regalo carísimo que le hizo a su amante sin que su mujer supiera.

El secreto, para bien o para mal, ya no existe, o corre riesgo de dejar de existir.

Así que mejor no insistir.

Es más urgente, posible, razonable, democrático, parar al autor de tantos tropiezos que pelear contra molinos de viento. Porque si queda libre, así como viene la mano, no habrá corazón que aguante.